La noche polar aniquila la luz solar durante semanas, la ciudad se sitúa justo bajo el óvalo auroral, y los microclimas secos del interior cercano ayudan a cortar la nubosidad. Así que acabas en una especie de punto dulce en el que las luces no sólo aparecen, sino que se mueven, palpitan y se apoderan de todo el cielo de una forma que parece casi irreal.


















